El blog zombie

Debo comenzar por decir a quienes cayeron en esta página después de preguntarle a Google por algún blog dedicado al vastísimo y siempre popular tema de los zombies, que no es por aquí y que la puerta está por allá en la X. Solo por si quieren salir. Si se quieren quedar, siempre bienvenidos. Pero habrá muuuchos menos zombies de lo que esperan.

Este blog ha muerto y revivido (estoy tentada a decir “más veces de las que puedo contar”, pero es mentira, son como cinco…) como cinco veces porque, aunque ha estado alojado en distintos servidores, con distintas direcciones y hasta con distintos nombres, para mí este, esto, el espacio que me procuré hace trece años y que abandono y al que vuelvo de a ratos solo para volverlo a abandonar, siempre ha sido el mismo y lo mismo, un blog mío. No sé si decir mi blog lo hace demasiado formal.

Pero lo único que añadiré sobre la historia del blog es una ¿anécdota? sobre su último regreso, abandono y recuperación, las cuales fueron mucho más recientes de lo que yo misma me creía capaz. Apenas este mismo año.

El 2020 comenzó lleno de las promesas más increíbles. Me casé y tanto el novio-esposo como la boda fueron (son) todo lo que podía desear. Pasé casi dos meses en familia y en Caracas, mi ciudad, la única que verdaderamente ha sido mi casa. Terminé un proyecto personal que me había tomado un año y que era (es) de increíble importancia para mí, para “mi proceso” (ugh) y, sobre todo, para comenzar a transitar un camino que quizá no es el adecuado, pero es del que me antojé por el único y sencillo hecho de que es el que verdaderamente me hace feliz, ¿y qué es más importante que eso, AH? Nada, ¿verdad? NADA.

Por eso retomé este blog a comienzos de este 2020. Era mi promesa conmigo misma de que ahora sí iba a escribir con disciplina, no en el cuadernito, o con el programita, o los cuenticos forever alone en la carpeta recóndita, o los post-its que se van volando, sino en un espacio ordenado, limpio, a la vista de los demás, así sea porque la mirada ajena es la que obliga a, justamente, ser ordenado y limpio.

Como dije, eso sucedió a comienzos de 2020.

Todos sabemos lo que pasó y supongo que me entró la idea, que por tópica no quiere decir que uno la internalice, de que empeñarse en poner orden en esta maraña delirante que es la vida puede conducir a la locura más rápidamente.

Cualquier continuidad que me había planteado entre mi increíble comienzo de año, los proyectos y prospectos de trabajo, los viajes (incluida la luna de miel), el finalmente-este-año-sí-ya-lo-dije-y-aquí-me-planto aprender a montar bicicleta (ni me hablen) para recorrer la hermosa Ciudad de México y finalmente hacerla mía, la gran promesa del futuro… Simplemente dejó de tener sentido tratar de conectar una cosa con la otra. Y no es que yo sea una persona diferente a la que era en enero y febrero, pero de alguna manera lo que escribí entonces me pareció simplemente… una ridiculez.

No quiere decir que ya no tengo sueños, proyectos ni esperanzas. No sé vivir así. Solo que la estructura es, quizá, otra. Lo bueno es que es tan fácil como borrar y empezar de nuevo. No sé si aplique en la vida, o si será tan fácil. Pero afortunadamente en el blog lo es. Y si tengo suerte seguiré clara en la idea de que no tengo que darle orden ni pulcritud a nada, que ya con solo ser basta.

Photo on top by Stuart Eadie from Burst

Publicado por Lorena González Di Totto

Escribo cosas. Nací en Caracas y vivo en Ciudad de México. No escribo bios en tercera persona.

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