Las páginas de la mañana – Parte 1

“Las páginas de la mañana” es un ejercicio de creatividad concebido por Julia Cameron, una artista dedicada principalmente a la enseñanza y la “recuperación” de la creatividad en sus estudiantes.

Consiste en sostener diariamente la rutina de escribir tres páginas a mano, como primera tarea del día, es decir, recién levantados. Son páginas inútiles, en el sentido de que no son ni deben ser un producto terminado. Son páginas para desatar el propio tren de pensamiento, no para mostrarlas a nadie y, de acuerdo a la recomendación, ni siquiera releerlas uno mismo.

Son tres páginas en las que se deben cumplir dos cosas:

Deben completarse, lo que en mi experiencia personal tiene dos ventajas: la noción de haber “terminado”, es decir, hay un punto específico en el que ya te puedes dar por cumplido por el día de hoy, y suele ser una sensación positiva para el resto de mi día.

Y se debe callar al “juez interior”. Significa, en medio de la obligación de cumplir con tres páginas a como dé lugar, no ser exigente con uno mismo, no esperar a que llegue la mejor idea o el mejor ángulo. Simplemente que sean tres páginas. Ni siquiera importa mucho la ortografía.

Se trata de comenzar. Y luego de seguir

Puede que las primeras páginas de la mañana sean (y posiblemente serán) un rambling insufrible del tipo: Estoy aquí escribiendo y llenando líneas de prácticamente cualquier cosa solo porque tengo que llenar tres páginas como sea. No sé de qué escribir, no se me ocurre nada y qué fastidio estar aquí sentada sin nada qué decir y solo moviendo la pluma sobre el cuaderno porque sí, porque tengo que llenar tres páginas…

Y si continúas con ellas todos o casi todos los días, en algún momento dejarán de ser así. Y comenzarás a ver surgir chispas de algo. Cada día avanzarás, muy poquito, tan poquito que solo en la acumulación se convierte en algo. Pero habrá valido la pena.

Tres páginas. Todos los días. A mano o a máquina (lo de la máquina lo digo yo). Eso es todo.

Le llamo ejercicio, no solamente porque su autora lo llama así, sino porque quiero resaltar que las páginas de la mañana no pretenden ser un producto final, sino parte de un proceso.

Asimismo, llamarlas así cobra aun más sentido cuando lo que cuenta es invertir tiempo longitudinalmente. Es algo que, para ser efectivo, debe ser rutinario. Quizá no tomará tres horas del día en que lo hagas, pero sí algunos minutos de tu día a día. Tal como el ejercicio para el cuerpo.

El Camino del Artista

Conocí sobre Las páginas de la mañana en 2008, cuando mi papá me regaló el libro El Camino del Artista de Julia Cameron, en una edición en español con un lindo diseño minimalista, uno de esos libros-objeto que da gusto tener por tenerlo y no solo por leerlo —aunque, ¿no son así todos los libros?—.

El libro como tal tiene el objetivo de dar al lector (y ejercitador) un camino hacia una vida más creativa, siendo muy amplia la interpretación de este término. Justamente una de las cosas que más me gustan del libro es que está dirigido a todo el mundo, desde escritores con bloqueo —quienes más evidentemente buscan “reconectarse” con su creatividad—, hasta personas que atienden el hogar.

No tienes que ser “creativo” desde el punto de vista laboral, se trata de ser una persona más creativa, sea cual sea tu profesión o a lo que dediques la mayor parte de tu tiempo.

Ya por ahí, encuentro maravillosa esa concepción des-elitizada y des-glorificada de la creatividad, como si fuera un cáliz dorado solo accesible a aquellos que hemos estudiado una carrera creativa o dependemos de ella para comer.

Ser creativo

Para mí, el proceso creativo se trata de pura resolución de problemas. En mi caso particular, dependiendo de la etapa de escritura en la que me encuentre, me toca responder a preguntas del tipo: ¿Cómo traduzco esta idea abstracta en palabras? ¿Cómo doy con el núcleo de lo que quiero decir? ¿Cómo puedo hacerlo más comprensible o más conciso? ¿Qué palabra podría funcionar mejor que esta? ¿Cómo puedo pulir este giro? ¿Cómo lo hago más convincente/gracioso/impersonal/dramático?

Que logre o no resolver todos los problemas es otro tema. Y si no tengo un problema que resolver quiere simplemente decir que, o no estoy trabajando lo suficientemente duro, no le estoy metiendo la cabeza que necesita, o simplemente estoy en blanco, no tengo un punto de partida. Y entonces la pregunta que responder —el problema a solucionar— es: ¿qué sigue ahora?

Creo que precisamente lo que convierte un proceso cualquiera en un proceso creativo es la falta de automatización, que las soluciones a todo no estén ya pensadas y trabajadas. Es el hecho de que se planteen escenarios nuevos y que alguien los deba desentrañar. Qué tanta capacidad hay de ver soluciones donde pareciera que no las hay, o resolver el acertijo de manera novedosa, ahí estaría el nivel de creatividad de una persona.

Y va desde lo que más corporativamente hemos denominado como “creativo”: qué combinación de colores funciona mejor para vender esta idea, qué nuevo eslogan posicionaría mejor la marca, cómo lograr que la fotografía transmita el sentimiento que se espera de una escena… a lograr hacer una comida para cuatro con solo los ingredientes que te quedan en la alacena.

Por otro lado, creo que la creatividad tiene mucho que ver con lograr ordenar procesos mentales y llevarlos a buen puerto, más que con el caos interno con el que estereotípicamente asociamos a los artistas. “Auténtico es el artista que tiene un fuero interno desbordado, que abusa de sustancias, que logra plasmar de manera cruda sus sentimientos en el papel/lienzo/instrumento”. Bla, bla.

Sorpresa, sorpresa (not): La disciplina es clave

Pero la verdad (y dudo que esto sea novedad para nadie), en los años que he leído sobre artistas y sus procesos, la constante suele ser la disciplina y la capacidad de articular el propio proceso. Es gente que no espera el asalto de la inspiración, sino que se sienta todos los días a trabajar en su material, sienta ganas o no. Gente que hace consciente lo que le funciona y lo que no, y que cuida las condiciones en las que trabaja para aprovechar su tiempo.

Que aunque logre en una primera sentada sacar material de alta calidad, tiene por detrás horas de rutina y de pensamiento para lograr ese momento de pulida productividad.

Suele ser gente que, aunque dé la impresión de estar entregada a sus pasiones, o hable de la creación como un arrebato inexplicable o de origen divino, tiene mucho orden dentro de su cabeza, o por lo menos sabe dónde encontrar las cosas en su desorden (perfecta descripción de mi habitación en la adolescencia).

Y es en este último aspecto en particular que siento que las páginas de la mañana son unas excelentes auxiliares en el proceso creativo.


Como esta entrada quedó eterna e interminable, por el bien de todos la corté. Pronto la segunda parte. Cuánta intriga, cuánto suspenso, cuánta emoción.

Photo on top by Thought Catalog on Unsplash

Publicado por Lorena González Di Totto

Escribo cosas. Nací en Caracas y vivo en Ciudad de México. No escribo bios en tercera persona.

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