Las páginas de la mañana – Parte 2

En la publicación anterior estuve divagando un poco sobre las páginas de la mañana. Me quedé en comentar por qué creo que son un excelente auxiliar del proceso creativo. Pero para llegar ahí voy a hablar de mi propia experiencia.

Ya en su libro Julia Cameron menciona “casos de éxito”, seguramente en internet habrá cientos.

Por mi parte, conozco sobre las páginas de la mañana desde hace más de diez años, pero no tengo diez años haciéndolas. Al contrario. Y quizá precisamente por eso no estoy más avanzada en lo que he decidido que es mi camino. Porque requieren disciplina. En todos estos años he tenido épocas en que he logrado sostener el ejercicio por semanas y meses a la vez. También he pasado hasta un año sin regresar al cuadernito.

Está de más decir que me he sentido mejor conmigo misma, con el material que produzco y con “mi proceso” (ugh) cuando las estoy haciendo. Por mi manera de ser y por el momento en el que me encuentro, no me aferro a una regularidad estricta (o no la logro), pero claro que la recomendaría para empezar. En mi caso, por lo menos ahora, mi esfuerzo es mantenerlas como algo voluntario y 100% para bien. Que ni por asomo puedan convertirse en motivo de presión, angustia o culpa.

Flexibilidad, baby

Como estoy tratando de barajar varias rutinas que estoy retomando —sí, yo siempre llena de buenas ideas—, si me levanto motivada a cumplir con hacer ejercicio en lugar de escribir, me lo permito. Es la única manera en que me funciona. Porque, así como con el ejercicio, siento que es mejor hacerlo solo tres o cuatro veces por semana, a dejar de hacerlo porque me sentí culpable por el día que no lo hice y ese sentimiento me llevó en una espiral de resentimientos que me paralizó y luego no escribí por un mes.

Asimismo, en una época hacía mis páginas de la mañana en un bloc rayado tamaño carta y en algún punto calculé que cada página me tomaba unos diez minutos, así que mis páginas de la mañana se llevaban media hora de mi día todos los días. Las dejé porque en un momento se volvió insostenible para mí. Nunca he sido de levantarme con el amanecer, así que mi primera media hora del día necesariamente era de preparación para llegar al trabajo. Pensar en levantarme media hora más temprano para escribir páginas de la mañana me hacía cuestionarme si realmente la vida valía la pena.

En una de las últimas veces en que las he retomado, compré un cuaderno pequeño. Tres páginas me toman entre diez y quince minutos, lo cual es manejable. Probablemente no es como Julia Cameron lo hubiera querido, no tengo claro exactamente cuánto tiempo de escritura es para ella “tres páginas”, pero, de nuevo, para este fin, es mejor lograr escribir cinco veces a la semana por diez minutos, que media hora cada dos semanas.

Tampoco me doy latigazos con la longitud. Cameron recomienda que te atengas a las tres páginas, ni más ni menos. En mi caso, casi siempre cumplo con mis tres páginas, pero si en el momento quiero o necesito quedarme escribiéndolas un rato más, pues so be it. Así que, aunque la mayoría de los sets son de tres páginas, hay días de cinco o de siete o incluso de diez.

Ahora, realmente: Cómo las páginas de la mañana hacen que mi vida sea mejor.

Orden y progreso para tu mente

A mí me ayudan a organizar pensamientos o generar estructuras mentales que no tenía. He pasado de tener ideas dispersas o difusas sobre algo, a armar relaciones concretas de causa-efecto o tomar una decisión solo por pasar diez minutos escribiendo al respecto.

Mis páginas de la mañana normalmente comienzan con un reproche o una felicitación a mí misma por haber logrado (o no) levantarme a la hora que quería. Trabajo en casa y soy un night owl, así que uno de mis mayores retos es mantener horarios medianamente coherentes. Casi siempre paso naturalmente a describir cómo me siento, y eso suele llevarme a cosas más abstractas, porque (casi) todo está conectado a los sentimientos.

Puedo fácilmente terminar escribiendo sobre un proyecto nuevo porque me entusiasma y me motiva, o porque tengo inseguridades al respecto. Y, por ejemplo, lo último normalmente me hace preguntarme: ¿Qué me hace sentir insegura? ¿Es porque no sé lo suficiente? ¿Porque debería tener más experiencia en determinada área? ¿Porque no sé por dónde comenzar? Simplemente me ayuda a identificar elementos que, cuando flotan sin forma, solo me hacen sentir mal y desorientada sin remedio y que, cuando los aterrizo, comienzan a tener cara y nombre y yo por lo menos un punto de partida para atacarlos.

A la vez, me ayuda a esquematizar situaciones e identificar soluciones. Un set de mis más recientes páginas de la mañana se trató, básicamente, de enumerar cosas que me ayudaban a levantarme cuando sonara el despertador la primera vez. Así llegué a soluciones tan tontas como dejar la cafetera limpia la noche anterior: ya que tomar café es una de las cosas que me motiva a levantarme de la cama, no tener que lavar la cafetera para usarla es un obstáculo menos que sortear. Sí, es así nivel rehab, un día a la vez, un minuto a la vez.

El haber identificado que comenzar escribiendo sobre cómo me siento me ayuda a sentirme mejor es algo que solo es atribuible a la rutina. Solo en la repetición me di cuenta “oh, esto me funciona”. Obligarme a escribir hace que termine escribiendo de temas importantes para mí, como mi futuro laboral o alguna nueva idea. Escribir obliga a identificar los sentimientos y ordenar las ideas lo mínimo suficiente para poder ponerlas en papel. 

Al final, es muy parecido (por no decir idéntico) a llevar un diario. Es el mismo principio. Y por algo llevar un diario es una práctica altamente recomendada en general, por lo psicológico y lo creativo.

Calentamiento, porque la mente es un músculo (claro que no, pero ustedes entienden)

Cuando logro hacer mis páginas de la mañana… en la mañana —a veces, si no lo logré en el día, trato de hacerlas en la noche, o cuando pueda—, me ayudan a calentar la mano. Si voy a arruinar un pedazo de escritura por no tener la cabeza donde es, por no estar del todo despierta todavía, por sentirme dispersa, pues que sea ese pedazo de escritura y no el que me genera ingresos.

Si ya escribí como primera tarea en la mañana, escribir luego, por trabajo o para algún proyecto personal, es más fácil. Ya el cerebro está en ese espacio diciéndome “vamos, traducir ideas a palabras no es tan difícil… Conectar una palabra con otra no es imposible como te parecía esta mañana mientras te cepillabas los dientes…”

Esto es especialmente relevante para los que se dedican a escribir, pero creería que también funciona para poner en marcha la cabeza, sacar del camino elementos flotantes en el (sub)consciente y preparar la mente para el trabajo.

Por eso es importante mantenerlas como “flujo de conciencia”, buscar escribirlas de corrido, sin detenerse a pensar mucho ni lo que se dice ni cómo se dice. Escribiría aquí una comparación súper didáctica con el calentamiento en el ejercicio físico, pero como no tengo ni la más remota idea de cómo funciona excepto que hay que hacerlo, pues me quedo con insistir en que:

Las páginas de la mañana NO son perfectas, NO son bonitas siquiera, NO están bien escritas, NO tienen que decir nada importante, NO tienen que reflejar todo tu potencial como escritor, creativo, ser humano. Lo importante es que EXISTAN. Y solo existiendo SON útiles.

Photo on top by Sticker Mule from StockSnap

Publicado por Lorena González Di Totto

Escribo cosas. Nací en Caracas y vivo en Ciudad de México. No escribo bios en tercera persona.

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