Dos cuentos y dos lecciones

Porque soy así de floja, copio lo mismo que escribí en mis redes cuando ocurrió ese raro fenómeno de que compartiera algo:

Cuando me invitaron a participar en los Domingos de Ficción, lancé, entre otros, dos cuentos cortitos que escribí recientemente durante el Mundial de Escritura, como para dar opciones pero sin mucha fe en ellos, y resultaron ser los que me regalaron esta pequeña experiencia, maravillosa pero medio aterradora, en la que la participación personal no queda diluida entre decenas de otros nombres, como en las películas, sino que una está sola con ese puñado de palabras que escribió.

Me hacen un gran honor si pasan por Prodavinci y curiosean mis dos cuentos 💛 Doble honor si me dan sus comentarios, porque todos los días estoy aprendiendo 💛💛

Aquí el link, pero antes de cerrar, no puedo dejar de dar las gracias siempre al máster Óscar Marcano por la oportunidad, la confianza, y todo lo enseñado.

De este pequeño acontecimiento aprendí dos cosas que comparto con mi multitudinaria audiencia que se muere por conocer cada una de mis reflexiones:

Uno: Escribe, escribe y escribe más.

Como comenté en el post, mandé varias historias y las que quedaron fueron dos que escribí durante el Mundial de Escritura. So, let’s talk numbers:

Durante este Mundial el compromiso de cada participante era escribir un texto diario, de mínimo 3.000 caractares, durante 14 días. Es decir, produje 14 textos, de los cuales dos alcanzaron un nivel mínimo como para que no me diera vergüenza enviarlos, y para que alguien considerara que valía la pena su publicación. Sin entrar en detalles de las condiciones de escritura, el humor, los temas propuestos, los horarios, etc., el hecho es que se trata de una proporción de 1 a 7.

¿Adónde quiero llegar con esto? Fácil: hay que escribir un montón de crap para llegar a escribir algo que valga la pena. Tengo la fe de que ese “radio de efectividad” mejore con el tiempo y cada quien tendrá el suyo (seguramente escritoras más experimentadas aciertan a la primera, pero, de nuevo, ellas no están en este blog buscando apoyo sino escribiendo cosas importantes).

Por otro lado, de los otros doce textos que quedaron atrás, hay intentos, semillas que pueden crecer o convertirse en otra cosa. Mi abuela Ana, costurera, solía guardar cualquier pequeño retazo de tela, cuerdita, botón, cualquier pedacito malparado que encontraba. No, no era acumuladora; era sabia. Una enorme cantidad de veces fue la caja de los retacitos la que le permitió terminar un proyecto de costura (tenía infinitos) o simplemente crear algo nuevo donde no había nada. En la escritura nada es desecho. Incluso una palabra que no encontró su lugar en un texto puede ser la clave para salvar otro.

Así que, sobre todas las cosas, hay que seguir escribiendo. Hay que sacar seis textos del camino para escribir el que tenía que existir.

Dos: Deja que la gente se entere

A raíz de haber publicado estos cuentos y, mejor dicho, a raíz de haberme atrevido a compartir que tal cosa había sucedido, mucha gente me dijo, con alegría, generosidad y mucha sorpresa, que qué bueno que yo escribía, que no sabían, que esperaban que siguiera escribiendo, etc, etc.

No voy a mentir y decir que me sorprendió la reacción. A pesar de que durante años di clases de guion (que si a ver vamos es dar clases de escritura) y a pesar de que para mí escribir es uno de los pilares de mi identidad, sé perfectamente que por vergüenza, timidez, o qué sé yo, no he sido muy pública ni con lo que escribo, ni con mi ambición de escribir, ni con lo verdaderamente importante que es para mí. Nunca lo mantuve en secreto, solo no lo dije nunca a menos que me preguntaran.

Ha sido un error. Uno por el que no tiene mucho sentido lamentarme porque, además, no es que he desperdiciado todos estos años; simplemente durante la mayor parte de mi vida mi foco ha estado puesto en otra cosa, en mi otro y quizá verdadero amor que no está ni siquiera tan alejado: el trabajo audiovisual. Pero sin duda hay una sensación extraña y hasta alienante al darme cuenta de que incluso personas que siento increíblemente cercanas se estaban enterando de este aspecto de mí.

Por otro lado, solo la gente que sabe lo que haces y lo que te interesa puede contactarte para oportunidades que tengan que ver con aquello.

Uno tiene que compartir su oficio. Yo soy una pésima usuaria de las redes sociales, pero si para algo sirven es para divulgar las pasiones y los intereses de uno, cosa que además me parece mil veces más interesante que saber qué desayunó cada quién (excepto mis amigos, por supuesto, siempre quiero saber que están bien alimentados, morirme de envidia si están comiendo un postre rico o paseando por algún lugar espectacular). Y con oficio no me refiero al trabajo, me refiero a los temas o actividades que nos interesan, que nos mueven, que nos hacen pensar y nos hacen querer ser mejores.

No sé ustedes, pero me parece maravilloso conocer cuáles son las áreas de “experticia” o de interés de cada quien, sea por lo que nos pueden enseñar o por la oportunidad de aprender más sobre algo en compañía.

Eso es la escritura para mí. No se trata solo o siquiera de que me procure ingresos; es mi oficio porque lo practico, lo estudio, busco siempre mejorar y estoy clara de que es un camino interminable de aprendizaje.

Ya lo saben.

Para leer los cuentos, “La Fiesta” y “Niña”, aquí.

Publicado por Lorena González Di Totto

Escribo cosas. Nací en Caracas y vivo en Ciudad de México. No escribo bios en tercera persona.

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