Me llamo Lorena González Di Totto

Nací en Caracas y vivo en Ciudad de México.

Estudié Comunicación Social, mención Artes Audiovisuales en la Universidad Católica Andrés Bello, y me especialicé en Realización de Cine Digital en Barcelona, España.

No tengo claro cuáles verbos debería usar en pasado y cuáles no, así que diré que soy productora audiovisual y guionista. Trabajé durante seis años como productora general y asistente de dirección y guion de documentales históricos. Durante cuatro años, di clases de Cine y Guion Cinematográfico en la misma universidad en la que me gradué. Han sido los dos trabajos más retadores que he tenido, pero los que me han dado mayores satisfacciones.

Pero, como estoy transitando un camino (laaaargo) en el que busco no definirme a mí misma por mi trabajo, trato de pensarme también en relación a mis afectos, mis intereses (¿alguna vez dejaré de ser estudiante de alemán y seré solo alguien que habla alemán?), mis preocupaciones y alegrías, y las horas que paso aguantándome de servirme otra taza de café.

Sobre este espacio

El 30 de febrero es un depósito de intentos.

Les llamo así para eliminar —en mí misma— la pretensión de que cualquier cosa aquí esté terminada o tenga una forma final, definitiva. Si no, tardaría semanas o meses en publicar cada post. Quisiera decir que soy perfeccionista, pero no lo soy. Me encantan los good enough, ¿seré mediocre? El problema es que, si algo no es good enough, es useless crap, entonces estamos apostándole a todo lo que está en el medio. Una moderada mediocridad nos salvará de la parálisis, o al menos esa es la hipótesis que voy a intentar demostrar.

Aquí posteo sobre (¡adivinaste!) lo que me provoque. Lo que me interesa, lo que me importa y lo que me mueve; temas relacionados a la escritura, el guionismo y la creatividad; sobre la inmigración, el país del que vengo y a los que voy; ideas y lecturas; descubrimientos que me gusten o me den alegría; y eventualmente relatos de ficción o (no) ficción. Cosas, pues. Trato de tomármelo en serio sin tomármelo demasiado en serio.

Recientemente descubrí una noción japonesa: wabi-sabi. De este artículo rescato lo siguiente:

De hecho, el término “perfecto”, que proviene del latín perfectus, es decir, completo, en muchas culturas se ha colocado en un pedestal inmerecido, especialmente en Occidente.

Al priorizar lo impecable e infalible, el ideal de la perfección crea no solo estándares inalcanzables, sino también erróneos.

En el taoísmo la perfección se considera equivalente a la muerte, pues es un estado en el que no puede producirse ningún crecimiento o desarrollo adicional.

Quizá sea difícil vivir en constante wabi-sabi, pero incluso buscar la perfección en ese aspecto (¿un wabi-sabi infalible?) contraviene la filosofía.

La búsqueda es la fluidez. Lo que fluye vive, no se paraliza.